Pescando Angulas

Fernando Canales pesca con el angulero Txetxu Oliver

Txetxu Oliver lleva 35 años pescando angulas. “Empecé a los 17 y no he dejado de hacerlo ni un año. Me gusta pescar. Esto de las angulas es para mí como un morbo”. No hay secreto en este arte que se domina a base de experiencia, comenta. “No hay sitios mejores que otros. Todo depende del clima. Cuando hay mala mar de noche, es mejor  la playa; si baja agua con barro del monte, es mejor la tierra”. Pero lo importante es tener suerte. “No hay una técnica determinada. Vas todos los días y, cuando llevas yendo muchos años,  aprendes a ser angulero, porque la angula  no pega siempre en los mismos sitios”, explica.No es trabajo fácil, advierte. “Tienes que ir antes de la pleamar y estar cinco horas bajo la lluvia -y no cantando precisamente-, y encima no coges ni una”. Se pesca con un traje de neopreno enganchado con tirantes, con botas incorporadas. “Con todo eso avanzas hasta la ola y, si caes al agua, eres una especie de globo hinchado a la deriva. Por eso nunca vamos solos”, insiste Oliver. Hace unos días, su compañero de pesca fue Fernando Canales, el chef de Etxanobe. “Fuimos a por angulas. Tenía mucho empeño y ganas. La novedad le abrumó. Pero no hubo suerte y no pescamos ni una. La próxima vez le pondré alguna falsa por ahí, para animarle, porque es una persona a la que le gusta mucho todo lo que hace”.

En una playa con olas, se pesca la angula con cedazo pequeño y palo largo. En tierra, se prefiere el palo largo y el cedazo pequeño.  “Manejarlos te produce agujetas los primeros días.  Seguro que Fernando Canales las tuvo. De todos modos pasó un buen rato y sarna con gusto, no pica”. Los anguleros van en grupo. “Con el bocadillo y el termo con el ‘colacao’, que entra muy bien calentito, cuando hace frío”. Hace seis años obtuvo la mejor captura de su vida, seis kilos en una noche.

El oficio de angulero se está perdiendo. A la gente joven no le interesa pescar de una a siete de la mañana, porque les fastidia el fin de semana, defiende Oliver. En los últimos años se ha disparado el precio de las angulas, porque las capturan en Madagascar y Cuba, y llegan pocas al Cantábrico. “Valen lo que cuestan, y con un kilo hay para diez personas. Tampoco todo el mundo  se puede permitir el chuletón de buey y el percebe”. Sólo se pescan las transparentes y se  desprecian las negras, que no son buenas y se convierten en angulones .  “Si merecen la pena o no, es cosa de cada uno. A mí no me gustan, pero a la mayoría de los anguleros sí. Curiosamente la mejor se captura entre enero y marzo, aunque la tradición sea comerlas en Navidad”, explica Txetxu Oliver.

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